Leonardo Garet

Visiones y poemas

El libro bajo llave

Que un libro haya merecido la sistemática postergación de parte de su propio autor, en otros casos inclinado a reconocer a cada uno de sus textos sin concederles correcciones en las reimpresiones que tuvieron, es algo que -para empezar-, llama la atención. Marosa di Giorgio publicó Visiones y poemas en Caracas (Lírica Hispana, Nº 135, año XII, mayo de 1954). El libro se conforma con una primera sección enteramente inédita, Visiones, y una segunda, que es reedición de Poemas, Salto, 1953. (1) En los años siguientes, es como si este libro hubiera dejado de existir.

En la nota bibliográfica de Humo (Santa Fe, edición de autor, 1955) se brinda la información exacta, la misma que desaparece después de las constancias editoriales de libros posteriores, en los que también se alienta la confusión de fechas, datándose el primer libro en 1954, tal como se ha venido repitiendo en la casi totalidad de las notas bibliográficas sobre su obra.

Como mi heredado ejemplar de Visiones y poemas, por la peculiaridad de su aparición en una revista-libro de un país extranjero que era destinada a obsequio y a suscriptores –no a librerías-, debe ser uno de los pocos que sobrevivan en Uruguay, arriesgo una interpretación de que Marosa se quedó sin ejemplares prontamente. Esta probable explicación de la no inclusión en las sucesivas ediciones de Los papeles salvajes, puede convocar en su apoyo la costumbre de Marosa de no conservar originales una vez que el libro era editado. Pero resulta una hipótesis insuficiente a la luz de la eliminación del libro de las listas bibliográficas que Marosa proporcionó a los interesados en su obra.

¿Arrepentimiento de todos los poemas de Visiones? Difícil si se tiene en cuenta que a Poemas y Humo los reproduce sin introducirle modificaciones en ninguno de sus textos.

* * *

Un acercamiento a Visiones y Poemas permite apreciar la destacable unidad del conjunto. Marosa, que una vez publicados no corregía sus textos, ¿eliminaría a alguno? El caso que he detectado es el del poema 29 de Gladiolos de luz de luna, que no se encuentra en Clavel y tenebrario. Parecen haber triunfado razones no precisamente estéticas en el silenciamiento en su totalidad de Visiones. No es de extrañar que, por imposición directa o indirecta, se haya visto obligada a hacerlo. La cuestión sería que el libro agredía la moral, y más concretamente, la religión.

La autora no “se olvidó” del libro. En una nota bibliográfica manuscrita, con su letra titubeante de los últimos meses, consta Visiones y poemas.

La audacia de ese libro casi inicial, que se divulgó en el extranjero, debe haberle traído a su autora más de un dolor de cabeza considerando el pequeño ambiente y los años en que se movía. Frente a sus últimas obras, no hay duda de que Visiones se trata de una cumplida anticipación de preocupaciones. Una iluminada anticipación.

* * *

Uno de los rasgos que se hace inexcusable señalar en la obra de Marosa es su compacta coherencia desde el léxico, la relación entre sus criaturas de palabras y el sentido de cada uno de los textos tomados individualmente y en función de conjunto. El caso se preanuncia en un poema titulado de forma definitiva, Mi poesía. El texto enumera elementos de la familia semántica que se había echado a andar en Poemas: la torre, la garza, la abuela, las mujeres blancas y extáticas, ángeles, gente de mitad del bosque, Dios. Y concluye:

Mi poesía -si existe- es la sombra de aquel tiempo.

Esta actitud vigilante custodiando el equilibrio de todo el conjunto, figura como frontispicio del libro Visiones y poemas, pero abarca ambas secciones. Vale como una explícita declaración de “ars poética” que exime de comentarios ya que además incluye una especie de índice de situaciones de los poemas que vendrán: Liliana muerta cuando robaba flores, el encuentro con Dios en el olivar.

* * *

La audacia del Texto II, su contenido expresado en forma delicada pero incoultable en el título Dios rozó con sus labios mi frente, (2) excedió en mucho lo que podía ser aceptado de una joven perteneciente a una pequeña comunidad que confundiría poesía con realidad.

El motivo del poema es una relación sexual con Jesús que se consuma, nada menos, que en el momento de su resurrección, pudiendo por lo tanto llegar a representarla. El suceso está imbricado con el tiempo simbólico de la historia religiosa, cuando Jesús se hace hombre y baja del cielo, o del símbolo. La fuerza de este poema es que no se trata de una relación entre un ser humano y un dios en su dimensión, sino con un Dios en la instancia concreta de su encarnación como hombre. El cristiano vive la Cuaresma como una presencia muy tangible de la divinidad. Al mismo nivel de constatación o prueba que supone la tierra que descubre en sus manos el yo lírico que despierta de un sueño, se encuentra la reacción desesperada y desolada de la madre, que le aporta al suceso profundidad de tragedia.

No alcanzaba para la resolución de esta audacia con la eliminación del Texto II -que resentiría la unidad de conjunto- sino que el motivo se retoma en el texto casi prologal Mi poesía. Sería Visiones el centro del cuestionamiento.

(En Misa de Pascua, de Misales, una relación sexual con Dios es planteada en un clima de irrealidad sin nada de la inicial apuesta a la alucinada verosimilitud de Visiones II.)

El pequeño libro es inquietante en su totalidad. ¿Quién es la dueña de las magnolias? Se describe al personaje como una deidad maligna, que reina entre los muertos y que conduce ella misma a la muerte. El mundo está bajo el magnolio: “El cielo es un magnolio y da la luna”. (Visiones I). Y también: “Debajo de los magnolios vivían las brujas” (Mi poesía). En el Texto III, titulado La dueña de las magnolias aparece como inexcusable el ritual de acercarle magnolias a los muertos. No otra flor. Pero, a la vez, hay que robar magnolias y su dueña castiga con la muerte, el círculo del que no hay salvación y que recrea este mundo como el reino de la muerte, y por ende, el de la imposibilidad del amor en términos absolutos. En el Texto IV Gerardo, que en Texto 3, es una pura anunciación, se confirma como una ausencia: “Gerardo no volverá nunca”.

En el Texto V la muerte se instala en los naranjos que “eran enormes cruces para sepulcros enormes”. En ese contexto ¿Qué le dijo la madre al oído? Nada menos que lo que suscita el siguiente comentario: “Hay un costado de mi infancia, horrible”.

En el Texto VI, llamado Las torres de María Isabel, la conciencia de la muerte produce el envejecimiento.

Una figura magnética que se destaca en el poema no es para nada casual, se llama Balduino. Balduino fue rey de Jerusalén en el tiempo de las Cruzadas. Balduino, ¿alcanza para traer una salvación? La respuesta aparece en el Texto VII cuando ocurre un cruce de sueños, el de Marta Einstein, prima de veinte años y el de la autora, que integra los personajes del sueño de Marta Einstein a los propios. El motivo será un largo planteo que se desenvolverá en toda la obra de Marosa, el de la virginidad, su pérdida y su defensa. En definitiva el tema de escapar al castigo que parece que se resuelve definitivamente en el Texto VIII, cuando la posibilidad del encuentro amoroso se plantea concreta y directamente y se huye instintivamente como toda respuesta: “El beso hubiera sido definitivo.Y huí…Y por la amargura, por el miedo de mi carne, rodó el agua”.

* * *

Las grandes líneas temáticas, la religión, el sexo, la unidad religión-sexo, la muerte, aparecen meridianamente claras en “El libro bajo llave”. Demasiado al desnudo quizás, por eso más tarde aprenderá su autora a enmascararse tanto. En la plenitud de su capacidad –y seguridad- creadoras, Marosa repetirá la herejía. Pero ya tendrá argumentos para responder a la serpiente. Y a Javéh.

El conjunto Visiones es un conjunto fundacional que plantea todas las preocupaciones, las encierra en un cofre y tira las llaves al mar. Contiene el destino del hombre sobre la tierra.

1.- Que Poemas es de 1953 no me ofrece ninguna duda porque dipongo del ejemplar, con firma y fecha escritas por Marosa. El libro no tiene pie de imprenta. Mi padre incluyó el nombre de Marosa en su libro sobre poetisas uruguayas, La cigarra de Eunomo, Montevideo, Numen, 1954, estableciendo la precisión de fechas.

2.- En los libros de narrativa, la titulación se impone. Pero en los de poemas emplea, se puede decir que indistintamente, los números romanos y los cardinales. La excepción a la omisión de titulación, aparece en la sección Visiones, de Visiones y poemas, donde cada texto tiene título aunque informado solamente en el índice. La ausencia de títulos tiene implicancias más profundas que la unidad que se deriva de su omisión.

A continuación se transcribe el texto que ha sido el desencadenante de esta nota.

VISIONES II

Dios rozó con sus labios mi frente

Cuaresma dolorida. Había una cosa amarga y angustiada en marzo. Olor a azucenas –no, no era tiempo de azucenas- y a velas prendidas y a altar.

Para Ramos los niños sacaron de la penumbra, pastos blancos y tiernos. Para Ramos la muerte pasaba rozándonos con su dura ala de nieve. A través del delirio veía una llama oscilante y escuchaba inmóvil, un susurro monótono de palmas.

El Viernes Santo estuvo nublado y húmedo. Yo pude sentarme un poco entre las almohadas blanquísimas. Me dieron un libro de estampas…Busqué. Esa.

¡Dios de mi fe, con la cabeza doblada bajo la trenza de espinas! ¡Dulce Dios con la carne llena de marytirizados claveles! Guardé la lámina en mi pecho.

Después estuve mejor. Rodaba el día, gris y sereno.

Mi madre venía a veces, a acariciarme las manos y se sentaba un rato laro a mi lado.

Para la noche me dejaron sola, después de diez días de vela.

Cerca de las doce y en el sueño, una voz desconocida me dijo que Diuos estaba esperándome en el olivar.

Me incorporé estremecida con un apresuramiento doloroso en el corazón. En el cuarto en penumbras, no había nadie. Dios estaba esperándome en el olivar…

Y fui por la tierra húmeda, bordeando charcas. Flotaba en el aire –desvaido aire- u olor a juncos descompuestos, no había luna; pero, estaba la luna en algún lado, porque un fulgor de ceniza alumbraba el mundo

Por el cielo pasaban pájaros blancos, pasaban, pasaban; todo el cielo se iba a llenar de pájaros blancos.

Un tremendo silencio agarraba las cosas. Sólo mis pasos resonaban con un rumor extraño. Me llevé las manos a la frente. Ahora, no tenía casi fiebre.

En la punta del olivar Dios estaba parado. Una luz blanca le alumbraba el rostro. Yo empecé a caminarhacia Él, suavemente. Él me atraía con su mirar fijo y azul. ¡Dios mío!

Me iba a caer de rodillas; pero, Dios tendió sus manos –largas manos tibias- y me sostuvo.

Yo pude mirarlo un poco, con la boca entreabierta y el pecho desgarrado. Dios rozó con sus llabios mi frente. Después, sentí como una caricia en los labios…caí en un desmayo hondo que parecía de muerte.

Abrí los ojos en el alba. Dulce alba un poco gris, un poco pálida que ganaba la habitación.

-¡Mamá!

Mamá sollozaba cerca de mí con un sollozo desesperado. –Mamá- fui a insistir yo, -anoche en el olivar…

Entonces, me pareció que lo que iba a decir era tremendo. Con la mano temblorosa, enferma, empecé a sacudir la tierra húmeda que había quedado adherida a mi vestido, tierra húmeda del bosque, tierra del olivar…

Mamá sollozaba desesperadamente.

Entonces entró en el cuarto un viento pálido.

A lo lejos se insinuaron campanas. Mamá levantó un poco el rostro. Yo nunca vi tanto dolor.

El viento pálido traía un aire de campanas. ¿Gloria? El viento y las campanas decían: ¡Gloria! ¡Gloria!

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