José Luis Guarino

MAROSA Y LOS CAMINOS DE LA MAGIA

Por José Luis Guarino.

Yo soy de aquel tiempo,

los años dulces de la Magia”.

(“Está en llamas el jardín natal”, 1)

Marosa. Maga. Recorrió los caminos de la vida, y sigue recorriendo los caminos de la poesía, multiplicando misterio y maravillas.

La conocimos con sus ojos náufragos en una sobrerrealidad oculta. Solo transitoriamente fijaban su atención en el entorno. Así y todo, nos sorprendía a veces con recuerdos y detalles certeros, que habíamos pasado por alto, o teníamos olvidados. Como si su interés en develar lo que estaba más allá de las cosas, facilitara su interpretación y fijación de la realidad cotidiana.

Antiguo y repetido prodigio: Como Orfeo con su lira. Como el Varón de Asís con su fraternal dulzura. Desde su juvenil “Poemas” (1954) Marosa arrastra consigo poema a poema, libro a libro, un cortejo incontable de criaturas, seres reales o imaginarios que acuden sumisos a su llamado.

Crea y recrea. Así la luna “ha clavado su herradura fina, de vidrio, en mitad del cielo”, y el fuego “pareció un faisán intentando el vuelo”.

Esa luna a la que dedicó en “Clavel y tenebrario” estos versos:

No quisiera morir solo por no dejar de verte.

Aunque sé que has de subir, más tremenda y sola,

de detrás de los muros de la muerte”.

En sus poemas verdea el bosque, soplan los vientos, cantan las lluvias, blanquea la nieve.

Brota la presencia multitudinaria de árboles y jardines, con sus frutos y flores: los magnolios prontos a “estallar sus pimpollos como balas blancas”, cipreses, pinares, uvas y cerezas, gladiolos de luz de luna, que de noche caminaban como personas”y “la esplendorosa hoguera de los lirios”.

Como el antiguo Adán, ejerce su dominio sobre animales y seres alados: los lobos, y las cabras “con sus saltos, y su sed y su seda”, las palomas “de esas que ponen huevos rojos”, y sobre todo las mariposas, mariposas, mariposas, que llenan la boca, el grito y hasta el alma…

Combinación de religiosidad y erotismo, sus versos convocan lo divino, y atraen sobre sí el universo.

Y como al principio de los tiempos, crea y recrea la Palabra. Y la vida que crea la Palabra, se hace perdurable.

Pudo Marosa hacer suyas las palabras de Horacio: “Non omnis moriar”. No moriré del todo. Sobreviviré en mi obra.

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