Entrevista por Eduardo Espina

Domingo 18 de diciembre de 2004 - Diario El País

La reina de las mariposas

Marosa Di Giorgio:

Los días de gloria

Por Eduardo Espina.

Es una de las escritoras uruguayas más importantes, no sólo de estos días, sino de todo el siglo. Su obra impresiona antes que nada por su originalidad. En términos de marketing, podría decirse que Marosa Di Giorgio es una escritora de exportación. Su poesía se ha traducido a varios idiomas y su nombre aparece en varias antologías. La más reciente es Medusario: muestra de poesía hispano americana, donde Di Giorgio es una de las cuatro voces poéticas uruguayas seleccionadas en un voluminoso libro que publicara en 1995 el Fondo de Cultura Económica. En Francia acaba de salir Missels, la traducción francesa de sus cuentos. Además, en estos días sale a la venta en nuestro país el primer casete grabado por Di Giorgio. Allí, la poeta de Salto lee sus cuentos y poemas por una hora. A esta altura del siglo, es casi imprescindible conocer la literatura de Di Giorgio, tan sorprendente como su autora.

Marosa está allí, mirando por la ventana resplandeciente, buscando la voz de sus ángeles o la sombra de un hada visitante. En el vidrio que da a la calle Uruguay —el ruido de los ómnibus y autos no espanta a los ángeles— hay pegadas varias calcomanías de mariposas que miran estáticas el humo del té mezclarse con el olor de las masitas. La presencia de las flores artificiales nos hace a los dos miembros de un jardín interior donde la naturaleza imita a las cosas artificiales. Es el fin de la primavera y el verano envía guiños de resplandor que a veces conmueven y otras, simplemente se dejan oír. Las mariposas ni se inmutan. En su vuelo imaginario llegan a las flores artificiales, sólo a las más rojas y esperan a las palabras y al té desaparecer en el instante de sus aromas. Todo, como antes y después, será siempre palabras.

—Aquí estamos, casi felices, esperando las palabras o la llegada del ser amado. Pero, ¿existe la felicidad? ¿Qué es?

—Y... yo creo que es un espejismo, un tul brillante, una pared de turquesas. Cuando se va a alcanzar, ya está lejos. Pero, igual, queda algo... un resplandor.

— ¿Es el amor la única esperanza de felicidad?

—Y... recuerdo al amor de los amores, al Cantar de los Cantares. Me preguntas por "amor", y entonces, busco y encuentro momentos culminantes, desbordados, mágicos, fuera de toda lógica ya.

— ¿Por qué el Cantar de los Cantares? ¿Tiene el amor una base fundamentalmente literaria, poética más bien?

—El Cantar de los Cantares, donde el Rey y su Dama, donde la Iglesia y su grey, se aman apasionadamente, en círculos —porque hay como una coreografía, un pase de ciervos y gacelas— en círculos cada vez más apasionantes, empecinados. Es un cambio de elogios, de agasajos», pero llevado al extremo. Al excelso extremo.

—Entonces, el amor es el lenguaje...

—Y es como si lo más íntimo, el mismo hecho amatorio, con todos sus trémolos y fases, se hiciese con palabras, con palabras que son piedras preciosas, ágatas y amatista o esmeraldas y violetas. Yo creo que pasa como en el bolero de Ravel, en que el acto sexual se cumple con música; acá se ejecuta con palabras. Después iría a San Juan de la Cruz, y es andar en lo mismo. Esa elevación, ese ascenso, lleva a anudar al prójimo. O mejor, la proximidad es tal que se transforma en conjunción. "Los ojos que tengo en las entrañas dibujados". Y podríamos marchar a Cumbres borrascosas donde Kate dice de su hombre Heacliff: "Yo soy Heacliff'. Y aquí en América tenemos el amor de María y Efraín, en María de Jorge Isaac. Ellos escriben el amor con flores, todo bordado con pétalos. María muere, pero su novela de amor no tendrá fin. Ella será por siempre en el, quien la amo con flores.

¿Recuerdas tu primer encuentro con la sexualidad?

—De niña viví en el campo y vi acoplarse a los animales. Me llamaba la atención el apasionamiento de las gatas, que tienen normalmente una expresión tan impasible y lejana. Y noté volar moscas ensambladas. Yo veía sin morbosidad alguna. Como un ángel que observase las cosas del tiempo y de la tierra. Ahora, esos recuerdos me sirven para los relatos, para la escritura erótica que estoy haciendo.

— ¿Cuál es la relación con tu madre y cómo aparece ella en tu obra?

—Fue tremenda. Es tremenda. Puedo decir que ella es Marosa. Y yo soy ella. Vino, viene y vendrá siempre, desde todos los rumbos.

—Siempre me sorprendió en tu obra eso que yo llamaría "el presente continuo". Donde no hay lugar a la nostalgia. Sin embargo, tu obra frecuenta mucho el tiempo de tu infancia. ¿Te gustaría volver a la niñez y empezar todo de nuevo?

—No, porque siempre hay mucha angustia, mucho trabajo. Pero, creo que la vida debiera ser mucho más larga, ya que todo cuesta tanto.

— ¿Le tenés miedo a la vejez?

—No, eso no es para mí. Soy y seré siempre "la misma niña a la sombra de los durazneros de mi padre".

— ¿Cómo recordás tu infancia? ¿Cómo la relacionas con tu vida actual?

—Está todo imbricado. Si tiro de un hilo, se estremece toda la red.

— ¿Te hubiera gustado tener hijos?

—Los poemas son como mis hijos. Me volqué con tanto fervor en ellos... No se puede hacer bien, a la vez, dos cosas

— ¿Creés en las musas?

—Y... bueno. Existen, no hay dudas. Siempre se las pintó o imaginó vestidas de muselina o desnudas. Y creo que también saliendo de un arpa. Pero en verdad, están. Ellas nos dan las llaves, las claves. Enseñan a atar lo errante, a desatar lo fijo.

—Y las hadas, ¿salen de la misma arpa o son otra cosa distinta?

— ¿Las hadas? Tuve mucho que ver con ellas. Me tocó vivir en un sitio donde proliferaban, aunque cada una era eso; una, única. Irrepetible. Mamá —esa inolvidable Clementina Médicis— pasaba entre ellas como entre cristales, papeles de colores, papeles iluminados. A ratos, su formato las asemejaba varas de gladiolo, o a frutillas, o a luciérnagas, o a huevos. Pero había algo siempre, un indicio leve pero a la vez, muy evidente, que señalaba la otra dimensión.

— ¿Cómo entra el mundo de los sueños en tu obra? ¿Has visto ángeles?

—Utilizo cosas del sueño y mucho de la vigilia que, después de todo, también es un sueño. Oí a los ángeles. No muchas veces, pero más de una vez.

— ¿Cuál es tu relación con Dios?

—Soy de Dios y de sus ángeles. Eso me advirtieron y lo acato. Quisiera entrar a la teología, indagar dentro de lo posible, en esa tela, esa trama, ese tejido llamado Dios. Esa cosa evasiva y alucinante. De qué está hecho Dios. Saber algo sobre Eso. Y estoy en la Iglesia Católica desde siempre. En el jardín de esa Iglesia. En algún punto del mismo, mi hermana Nidia y yo seguimos con vestido blanco, con un ramo de azucenas.

—A veces, leyendo tu poesía, me hacés acordar de la vida y los milagros de San Francisco de Asís. ¿Te perturba esta comparación?

—No, pero a mí la Naturaleza me pasó, me traspasó a fondo, a fuego. Llegar a más es imposible.

— ¿Y cuál sería en tu caso la diferencia entre cultura y naturaleza?

—En esta última creo que ya está todo escrito, pintado, esculpido, murmurado, clamado.

—Tu obra está poblada de muchos animales, sobre todo mariposas. ¿Son ellas tus animales favoritos? ¿Y esas calcomanías con imágenes de mariposas en el vidrio de la ventana, qué quieren decir?

—No son calcomanías, no son calcos, son mariposas. Vinieron a estar ahí. Las mariposas son señales que nos envían desde lo muy profundo, desde muy lejos.

--¿Esa lejanía sería la eternidad? ¿Creés en ella?

—Paul Valery dijo que el ser es una perla, una enfermedad, en la diadema perfecta del No Ser. Pero yo creo en la Eternidad, sobre cuyas faldas se deslizan (como cosa a cumplirse y a la vez, ya cumplida) los espacios y los tiempos.

—La soledad, la continuidad cotidiana de estar sola, es para vos, ¿un refugio o una ausencia?

—La soledad que conozco es pobladísima, habitadísima. Tiene bosques, ciudades, cúpulas. Creo que se parece a Estambul, a Praga a Budapest (ciudades soñadas). La soledad y el silencio se me confunden, se me tornan lo mismo. Es en la soledad, es en el silencio, donde cumplen la soberbia misa, el violín más audaz y el piano más profundo.

—Hablando de ciudades, ¿qué han sido los viajes, qué importancia han tenido en tu vida? ¿Han servido a tu escritura?

--La escritura es el Viaje. Pero yo necesito andar. Pienso seguir cruzando la tierra y el cielo.

--¿Alguna vez pensaste en radicarte fuera del Uruguay?

—Estuve tentada. Pero, ¿qué haría una mujer sola? Lo pensé, pero no sé.

—Viéndote, como una mariposa entre la multitud, me atrevo a preguntarte si ¿te consideras parte de un Uruguay que ya no existe o parte de un Uruguay que todavía no es?

—Estamos en un instante en que todos parecemos navegar entre dos mundos. Pero, como sabes, para mí no es fundamental la referencia, política-económica-social-geográfica.

— ¿Qué significa para vos la palabra "poema"?

—Esta palabra se ha transformado en el dibujo de mi vida. La siento caer hasta mi frente, hasta mi alma, como seres, objetos, acaso pimpollos rojos. Me acostumbré a vivir con esa angustia y ese amor, porque tienen algo de las dos cosas.

— ¿Cómo es el proceso de tu escritura? ¿Cómo comienza un poema o un cuento? ¿Comienza en una imagen, en una palabra, en qué?

—De pronto, se enciende un punto, y de ahí salta un camino, un bosque, un panorama entero.

— ¿Propicias ese "entendimiento" con algo? El alcohol, por ejemplo, ¿te sirve para abrir caminos desconocidos en la creación?

--No soy adicta. En las reuniones necesito algunas copas para "estar". Si no, es como si me evadiera al jardín. Quedo allá, en otra cosa. Pero, tengo simpatía por los que toman mucho. No puedo evitarlo; es así. Para el trabajo el alcohol no me agrega nada. La escritura es en sí misma, un gran licor.

--¿Cuál es tu relación con Horacio Quiroga, de Salto como vos?

—Creo que tiene algunos cuentos muy hermosos. Y siempre es una personalidad avasallante. Hay otro poeta salteño, Leonardo Garet, que lo está estudiando apasionadamente.

— ¿Qué opinas de las traducciones de tu obra? ¿Creés que son fieles a los originales?

—Están hechas por gente muy distinguida.

—A diferencia de otros poetas para los cuales la poesía es una actividad secreta, vos has alcanzado también notoriedad pública por la intensidad de tus recitales. ¿Te apasiona leer en público?

—Me gusta leer, recitar. Sólo el poeta sabe qué color dar a cada palabra. Hice presentaciones en diversos países y fui muy bien recepcionada. En "La falena" me pinto como "la recitatriz" que interpreta delante de un rosal, y a la que se le ve un solo pie, con las uñas rojas. Amo el teatro, eso es.

—Cuando te conocí, casi veinte años atrás, tu poesía, siempre magistral, parecía destinada a una minoría selecta. Hoy es distinto. Sos una de las escritoras uruguayas más leídas. ¿Te ha cambiado el reconocimiento que estás teniendo? ¿Afectó tu escritura?

—No, para nada. Creación y difusión son cosas distintas. A veces hasta se oponen.

—Claro que debe haber algo de satisfacción...

Sí.

— ¿Y qué sería la gloria para vos?

—Y... esa trans-zona en la que están los santos, los artistas, los científicos, y tanto héroe anónimo, tan brillante, a veces, como el que más. La gloria es una especial partícula que llevamos todos, un algo de la Luz, de la Gracia.

— ¿Todos los días de tu vida son especiales, como para hacer de la gloria algo cotidiano?

—Todos. Este también. Es un domingo 18 de diciembre y hay que encender una luz. De consagración.

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