Carátulas de libros

 

Estos son cinco poemas traducidos por Adam Gianelli, quien recientemente estuvo en Salto para visitar los sitios de Marosa y nos adelantó la versión de estos poemas que integrarán su antología bilingüe de Marosa a editarse en Estados Unidos.

Los animales hablaban; las vacas y caballos de mi padre, sus aves, sus ovejas. Largos raciocinios, parlamentos; discusiones entre sí y con los hombres, en procura de las frutas, de los hongos, de la sal. Yo iba por el bosque y veía al sol bajar, a la vez, en varios lugares; cuatro o cinco soles, redondos, blancos como nieve, de largos hilos. O cuadrados y rojos, de largos hilos. Mi padre era el príncipe de los prados. Pero, algunas mañanas lo desconocía, aunque a toda hora soñaba con él. Y, también, olvidé mi nombre (Rosa), y me iba por los prados, y, entonces, nadie se atrevió a llamarme. Y yo pasaba, lejos, de sombrero azul, envuelta en llamas.

The animals spoke; my father’s cows and horses, his birds, his sheep. Well-reasoned arguments, oratories; they deliberated with each other and the men, trying to get fruit, mushrooms, salt. I would walk through the forest and watch the sun set in several places, simultaneously; four or five suns, round, white as snow, with long threads. Or red and square, with long threads. My father was the prince of the pastures. But, some mornings I didn’t recognize him, although every hour I dreamed of him. And I forgot my name (Rosa), and I wandered the pastures, and then no one dared call to me. And I walked, in the distance, in a blue hat, wrapped in flames.

***

Ser liebre.
Le veo las orejas como hojas, los ojos pardos, los bigotes de pistilo, un tic en la boca oscura, de alhelí.
Va, paso a paso, por las gallerías abandonadas del campo.
Se mueve con un rumor de tambor. ¿Será un jefe liebre? ¿una liebre madre? ¿O un hombre liebre? ¿una mujer liebre? ¿Seré yo misma? Me toco las orejas delicadas, los ojos pardos, el bigote fino, la boca de alhelí, la dentadura anacarada, oscura.
Cerca, lejos, pían las liebres pollas.
Viene un olor de trébol, de margaritas amarillas de todo el campo, viene un olor de trébol.
Y las viejas estrellas se mueven como hojas.

To be a hare.
I see its ears like leaves, its brown eyes, its whiskers made of pistils, a twitching in the mouth, the dark center of a stock flower.
It goes, step by step, through the empty corridors of the fields.
It moves to the sound of a faint drum. Is it a hare leader? a hare mother? Or a hare man? a hare woman? Is it me? I touch my soft ears, brown eyes, thin whiskers, my stock-flower mouth, my dark, pearly teeth.
Nearby, faraway, the chicken hares chirp.
A scent of clover fills the air, of yellow daisies from all the fields, a scent of clover in the air.
And the ancient stars sway like leaves.

***

Recuerdo algunas cosas.
Por ejemplo, cuando llegó Ana. La lluvia Ana. Era una tarde muy bella; el garcerío brillando como una brasa, reflejábase en el cielo. Mas, de pronto, llegó Ana, oscureció, arreció; con sus líquidos haces negaba al mundo; lo hizo desaparecer. Pensé en mi casa, allá lejos, tan chiquita: de tarde, se vendían claveles; de noche, luciérnagas. Por la mañana, mamá dormía un rato, y enseguida, poníase a dar el almuerzo a los claveles. Me cubrí el rostro con las manos, transida.
Hasta que Ana juntó sus cabellos y se fue.
El garcerío salía de sí, un poco embobado. Yo huía por el camino. Cuando llegué a la casa, era el anochecer.
Mamá, inmóvil, con el batón blanco como siempre, vendía las primeras moscas plateadas y los últimos claveles.

I remember some things.
For example, when Ana arrived. The rain Ana. It was a lovely afternoon; a flock of herons shone like an ember, refracted in the sky. But, suddenly, Ana arrived, she grew darker, fiercer; with her watery shafts she renounced the world; she made it disappear. I thought of my house, faraway, so small: in the afternoon, we would sell carnations; in the evening, fireflies. In the morning, mama would sleep awhile, and, as soon as she awoke, begin to feed the carnations lunch. I covered my face with my hands, overcome.
Until Ana gathered her strands of hair and left.
The flock of herons broke from its spell, half-mesmerized. I fled down the road. When I arrived at the house, it was twilight.
Mama, standing still in a long, white gown, as usual, was selling the first silver flies and the last of the carnations.

***

Cuando nací mamá se dio cuenta de que yo era una mariposa. Y con un punzón, que ya tendría preparado, o que sacó de la caja de objetos prodigiosos, me traspasó tan diestramente, que quedé viva, y, así, me puso en el cuadro de sus postales más hermosas. Con el tiempo mis alas aumentaron y cambiaban los colores, celestes y rosados. Hasta tuve una orla color plata, color oro, y puntitos, igual. Mis antenas se iban como hilos, por el olor de las rosas del jardín, los jazmines y azaleas, y brillantes del rocío.
Pero, mamá no dejaba de mirarme. Aunque estuviese en la cocina con las habas y el cuchillo, en el huerto, en el altar, con mi padre, o sus hermanas.
Jamás sacó los ojos de su hija mariposa. No quitó el punzón que me separaba de las rosas.

When I was born, mama realized that I was a butterfly. And with a thick pin, which she had prepared ahead of time, or took from the chest of wondrous objects, she passed through me so deftly that I remained alive, and she pinned me like that to the board where she kept her prettiest postcards. Eventually, my wings expanded and changed color, light blue and pink. I even grew a border of silver, of gold, with matching spots. My antennae straightened like threads, from the smell of the roses in the garden, the jasmines and azaleas, and the gems of dew.
But, mama kept watching me. Whether she was in the kitchen with the fava beans and knife, in the vegetable garden, at the altar, with my father, or her sisters.
She never lifted her eyes off her butterfly daughter. She didn’t remove the pin that kept me from the roses.

***

Los “tucu-tucus”, los topos de subtierra. Con los ojos ingenuos, aviesos, parecidos a los nuestros. Su familia y la nuestra habían vivido, desde tantos años, en el mismo sitio. Nosotros, en la casa de arriba; ellos, en la casa de abajo. Se comían las arvejillas, las raíces; pero de ellos, eran el cántico del atardecer, los tamboriles que decían, siempre, lo mismo, y daban un leve sobresalto.
Recuerdo a las novias de los huertos, cruzando las eras, para ir a casarse, vestidas de nieve y al compás de los escondidos tambores.
Y la luna pálida como un huevo (de las grandes lluvias); o la luna roja (de las sequías).
Y mi porvenir confuso, sin llegar a ningún sitio, salir del bosque, del negro canto. ¿Qué era eso que decían los topos, que yo no entendía?

The “tuco-tucos,” the underground moles. With naive, cunning eyes, like our own. Their family and ours lived, for many years, in the same place. We, in the house above; they, in the house below. They ate the sweet peas, the roots; but from them, came the evening hymn, the small drums that said, always, the same thing, and caused slight tremors.
I remember the brides from the gardens, crossing the years, on their way to get married, dressed in snow and in time to the hidden drums.
And the pale moon like an egg (in the heavy rains); or the red moon (in the droughts).
And my future uncertain, without arriving at any one place, beyond the forest, the dark song. What was it the moles said that I didn’t understand?

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